CONFERENCIA SOBRE LA LEY DE DIOS Y ATRIBUTOS DIVINOS PRESENTADOS POR EL JESUITA BLANCO: AMOR, PAZ, CARIDAD, BONDAD, MISERICORDIA Y JUSTICIA, TODOS ELLOS EN GRADO INFINITO.
El tema central de la conferencia, es dar a conocer la explicación que el Jesuita Blanco da de la ley de Dios y Atributos divinos que reconoce en el Creador Universal (Dios).

Conferencia pública celebrada el 20 Junio 2006.
Lugar: Centre Interreligiós de Barcelona.
Organiza: Templo Cristiano según la ley de Dios.

Haré un pequeño preámbulo para presentaros al Jesuita Blanco.

Antes de empezar quisiera presentarme, me llamo Manuel Martínez Rodríguez y os hablo en representación del Templo cristiano según la ley de Dios, una pequeña comunidad religiosa que se rige por los principios morales, filosóficos y teológicos enseñados por el Jesuita Blanco.

En Barcelona, en el año 1880, se inicia un movimiento religioso promovido por el Jesuita Blanco que lo lidera hasta al año 1915, fecha de su fallecimiento.

Uno de los motivos de esta conferencia, es poner a la luz lo que algunos taparon; porque los hombres tenemos derecho de aceptar lo que vemos justo y conveniente, como también, tenemos el derecho de rechazar aquello que veamos como erróneo o equivocado; pero de lo que no tenemos derecho, es el de tapar el modo de pensar de alguien con el que no estamos conforme con sus principios filosóficos, ni teológicos ni morales.

No tratamos de convencer a nadie, pero nos consideramos con el derecho y la obligación de dar a conocer la filosofía y la moral que el Jesuita Blanco practicó y enseñó, para que la acepte el que la vea útil y progresiva.

Hemos buscado sus escritos en los archivos y bibliotecas de Barcelona, y no hemos encontrado el más mínimo rastro de sus trabajos. La dictadura que los españoles hemos soportado, tanto en el aspecto político, pero sobre todo en el aspecto religioso, ha sido la causa de que no encontráramos ninguno de sus periódicos y folletos publicados aquí en Barcelona.

Todos los escritos que hoy tenemos de él, son los conservados por personas particulares que han aceptado el riesgo que ello conllevaba; les queremos agradecer públicamente ese generoso esfuerzo, pues sin él, nada o poco sabríamos del Jesuita Blanco.

Para que tengáis una pequeña idea del movimiento religioso que promovió, nosotros hemos encontrado documentos que acreditan que en Barcelona había unos 30 centros donde se enseñaba los principios morales y filosóficos del Jesuita Blanco.

Desconocemos si había otros centros en la provincia de Barcelona, así como en otros lugares de España o del extranjero, solo sabemos que en la capital de Valencia había un centro autorizado por él.

Por último diremos que como hombre se llamó Pedro Vallejo Garnica, pero firmó sus escritos con los seudónimos: La Cabaña, El Jesuita Blanco y Pedro continuador de la obra de Jesús.

Nosotros utilizamos el nombre de Jesuita Blanco, al referirnos a él, por ser el nombre más conocido por todos sus seguidores.

Una vez finalizado este pequeño preámbulo, pasemos al desarrollo de la conferencia que, como fue anunciada, tiene como título y argumento: La ley de Dios y los Atributos divinos presentados por el Jesuita Blanco, su meditación y conclusiones.

Como os he afirmado en el preámbulo, el Templo cristiano según la ley de Dios es una pequeña comunidad religiosa que cree en Dios y en sus Atributos, y que pondrá todos sus esfuerzos para que, lo que los orgullosos taparon, pueda ser conocido por todos los que lo deseen.

Para desarrollar la conferencia mencionada, la iniciaré con una definición que sobre Dios hace el Jesuita Blanco.

Dios, creador increado, es la esencia del Amor, Paz, Caridad, Bondad, Misericordia y Justicia, todos ellos en grado infinito.

El Jesuita Blanco resumió las cualidades de Dios en los atributos antes mencionados, pero también añadió, en algunos de sus escritos, que en Dios hay todas las virtudes y perfecciones que el hombre pueda llegar a reconocer y a comprender.

Por eso, si alguien añade a estos Atributos Divinos, otros muy mencionados, como un poder infinito, una sabiduría infinita y una inmutabilidad eterna, nosotros los aceptamos y los compartimos.

Antes de iniciar la explicación de los Atributos Divinos mencionados por el Jesuita Blanco, sobre los cuales fundamentó su filosofía, su teología y su moral; explicaremos cual es para nosotros el significado del poder infinito, sabiduría infinita e Inmutabilidad eterna que se le atribuye a Dios.

Cuando oímos hablar del poder infinito de Dios, nosotros entendemos que estamos hablando de un poder al servicio de su amor, de su paz, de su caridad, de su bondad, de su misericordia y de su justicia, es decir, que para Dios nunca habrá impedimentos para que manifieste y haga llegar su amor a todos sus hijos, como también, que todos sus hijos disfruten de su paz, de su caridad, de su bondad y de su misericordia, sin que nadie, ni nada, pueda impedir que sus hijos disfruten de las concesiones que Dios hace a los seres humanos por estos Atributos. Pero también diremos que, por ese poder infinito, ningún hijo se podrá esconder de su justicia. Por ese poder infinito, Dios ve todos nuestros actos, tanto los buenos como los malos; podemos ocultarlos a los ojos de los hombres, pero nunca se podrán esconder ante la justicia divina; podemos engañar a los hombres con nuestra hipocresía, podemos engañar a los hombres con una apariencia de virtudes que no tenemos, pero lo que nunca podremos engañar y ocultar son nuestros hechos a la Justicia de Dios.

¡Ojalá, todos los hombres usáramos siempre, también, el poder que podamos tener, ya sea político, ya sea económico, ya sea como director o pastor de almas, para ponerlo al servicio del amor, de la paz y de la caridad que todos los seres humanos nos debemos mutuamente los unos a los otros!

¡Ojalá, todos los que disponen de algún poder, lo pusieran al servicio de la paz y de la justicia, ya que con ello, se contribuiría a que fuera desapareciendo de la Tierra la discriminación, la miseria y la marginación que sufren muchos seres humanos por su color, por su sexo, nacionalidad, etcétera, etcétera!

¡Cuanta responsabilidad nos pedirá la justicia divina si no hacemos buen uso del poder que podamos tener!

¡Cuanta responsabilidad nos pedirán también a los religiosos si en vez de aconsejar la paz, aconsejamos la guerra, si en vez de aconsejar el respeto a todas las personas, sean del lugar, o del color, o de la religión que fueren, aconsejamos el odio y el rencor!

¡Cuanto bien podemos hacer los religiosos, pero también, cuanto daño podemos hacer con nuestros malos consejos!

Cuando hablamos de la sabiduría infinita de Dios, nosotros entendemos que hablamos de un saber que nunca será superado, de un saber que nunca tendrá necesidad de ser rectificado, por eso, sus leyes, tanto las que gobiernan la naturaleza, como la ley establecida como comportamiento moral que han de tener todos sus hijos, los seres humanos, nunca se modificará. La obligación moral de tratar y respetar a los demás como nosotros también deseamos ser tratados y respetados, es una obligación que siempre ha tenido el hombre, los que habitamos hoy la Tierra, los que la han habitado antes y los que la habitarán en un futuro. Por el cumplimiento de esta obligación, establecida por el Padre Creador, se han salvado, es decir, han alcanzado el reino de los cielos los hombres que habitaron la Tierra ayer, nos salvaremos los que la habitamos hoy, y se salvarán los que la habitarán mañana.

Como cristianos hacemos nuestro aquel dicho de Jesús: No todo aquel que diga señor, señor, entrará en el reino de los cielos, sino aquel que cumpla la voluntad del Padre. Nosotros añadimos, no es la creencia religiosa la que nos llevará al reino de los cielos, sino nuestros hechos, esos hechos que siempre han de manifestar, en todo momento, lugar y circunstancias, un amor al prójimo como a nosotros mismos, como Cristo lo practicó y lo aconsejó, por eso, también hacemos nuestro su dicho: Solo por el amor será salvo el hombre.

Cuando nosotros mencionamos u oímos mencionar la Inmutabilidad de Dios, nosotros entendemos que en Dios no hay cambios por el tiempo, el amor que siente hoy hacia sus hijos, y la justicia con que pesa y mide nuestros actos hoy, es el mismo amor y la misma justicia que manifestó ayer y que manifestará en el futuro.

En esa eternidad del tiempo, Dios siempre será el mismo, es decir, que eternamente siempre tendrá y manifestará esos Atributos de amor, paz, caridad, bondad, misericordia y justicia, como también siempre manifestó y manifestará su poder y su sabiduría, todos ellos en grado infinito. Por eso, sus leyes, son inmutables, y nadie, ni nada, tendrá poder para modificarlas.

El legislador universal es Dios, y solo él tiene poder y sabiduría para establecer las justas leyes, tanto para gobernar la naturaleza, su obra, como para establecer las obligaciones que deben cumplir sus hijos para poder gozar de la eterna felicidad.

El Jesuita Blanco no reconoció en los religiosos o religiones, el poder de establecer obligaciones a los hombres en nombre de Dios, lo que reconoció, es la obligación de enseñar la ley de Dios que él tiene establecida para todos los tiempos y lugares, enseñándola a cumplir con la palabra y con el ejemplo, pues, los consejos que no vayan refrendados por nuestros hechos, nos convertirán en sepulcros blanqueados, pues, hablaremos de unas virtudes que por dentro ni sentimos ni practicamos.

La ley de Dios que el Jesuita Blanco publicó, es la que el Cristo había practicado y aconsejado: El tratar a los demás como queremos ser nosotros tratados, poniéndonos en el lugar y circunstancias de ellos, y no haciendo a los demás aquello que a nosotros no queremos que nos hagan, porque, como decía el Cristo, con este cumplimiento amamos al Padre, y, además, este modo de obrar es la ley y los profetas.

Diremos algo del Jesuita Blanco con relación a la ley de Dios que él cumplió y aconsejó; no reconoció otra obligación en el hombre para con Dios, que el tratar y respetar a los demás hombres como nosotros deseamos ser tratados y respetados, añadiendo que, responde ante Dios, de todos los perjuicios que el ser humano pueda tener por seguir sus consejos espirituales.

Ahora, os hablaré de los Atributos Divinos que al inicio hemos comentado y resumido en: Amor, paz, caridad, bondad, misericordia y justicia, todos ellos en grado infinito.

Antes de iniciar nuestra explicación, y las conclusiones sacadas por la meditación de los Atributos Divinos antes mencionados, quisiéramos hacer una pequeña observación o reflexión, nadie tiene más cualidades morales que aquellas que justifica por sus hechos, y para que me comprendáis, os haré una comparación material: Cuando nosotros decimos de un hombre, por ejemplo, que es honrado y trabajador, es porque sus hechos y su modo de obrar justifican esas cualidades morales que le atribuimos, pues, de no haber hechos que justifiquen esas cualidades que le estamos atribuyendo, lo que estamos haciendo es adularle, ya que le ensalzamos atribuyéndole un comportamiento moral que no posee.

Por eso, nosotros, cuando a los religiosos y teólogos les oímos hablar de Dios y de sus Atributos, nosotros entendemos que mencionan virtudes reales en nuestro Padre Creador, virtudes que sin ningún lugar a duda han de estar justificadas por sus hechos.

A Dios no le adulamos cuando le atribuimos un amor, una paz, una caridad, una bondad, una misericordia y una justicia, todo ello en grado infinito.

Reconozco que a muchas personas le cueste creer en un Dios grande, poderoso, sabio, bueno, misericordioso y justo, cuando oye ciertas explicaciones del obrar de nuestro Padre Espiritual, explicaciones dadas por muchas de las creencias religiosas que hay en este mundo Tierra.

Aprovecharé este momento para ofrecerme a dialogar con todas las creencias religiosas que lo deseen, sobre la interpretación de los Atributos Divinos, pues, con seguridad pocas creencias religiosas no reconocen en Dios estos atributos mencionados por el Jesuita Blanco.

Nosotros, al mencionar los Atributos Divinos que hemos comentado, es decir, las virtudes de nuestro Padre espiritual, lo hacemos porque creemos firmemente en esas virtudes, y lo creemos doblemente, porque hemos reconocido los hechos que justifican esos atributos, hechos que iremos exponiendo y explicando en esta conferencia.

Mencionaré una expresión poco original, ya que fue y es usada por muchos hombres: Dios es Amor.

Cuando el Jesuita Blanco habla del amor del Padre Espiritual dice: Dios, por amor, creó y crea eternamente al espíritu humano para tener con quién relacionarse, y les da un lenguaje espiritual para comunicarse con él y con sus hermanos espirituales, y crea al animal y vegetal para que sirvan al ser humano en cuanto de ellos pueda necesitar.

La creación del espíritu humano, es, fue y será eternamente igual para todos. Si Dios hubiera hecho diferencias en la creación de sus hijos, no estaría justificada la expresión de que Dios es amor.

Si Dios es amor, es porque como Padre Espiritual ama por igual a todos sus hijos, el trato que da a sus hijos es igual en todos los aspectos, y no cabe la más mínima diferencia en el trato que Dios da, pues, de haber diferencias, ¿cómo justificaríamos el amor infinito de nuestro Padre Espiritual hacia todos sus hijos?

Los hombres nos reconocemos imperfectos, y, a pesar de esa imperfección, reconocemos que el amor de un padre material debe ser igual para todos sus hijos, pues, con todos y hacia todos debe dirigir el mismo cuidado y atención, a todos debe proporcionarle la misma educación, ayuda, etcétera, etcétera; y el padre material que no obra de la manera mencionada, es decir, que trata a sus hijos con discriminación, pues da a unos hijos lo que le niega a otros, se preocupa de unos y se despreocupa de otros; los hombres diríamos que es un padre que no sabe cumplir con el sagrado deber de padre, pues el deber de todo padre material es dar a todos sus hijos el mismo trato.

No creo que haya religioso o teólogo que diga que Dios sea inferior a los hombres en el comportamiento hacia sus hijos.

Meditando sobre este atributo de amor del Padre Espiritual, y reconociendo lo que exponemos, sacamos como conclusión lógica, que Dios crea a sus hijos en una exacta igualdad de derechos y obligaciones, creando a todos con las mismas facultades, dándole a todos sus hijos las mismas oportunidades, proporcionándole a todos la misma ayuda, y estableciendo para todos también la misma obligación, la de tratarnos como hermanos que somos, practicando el amor, paz y caridad con todos, sin excepciones para con nadie. No puede ser de otra manera si hemos de justificar el amor infinito de nuestro Padre Espiritual hacia todos sus hijos.

La meditación sobre el amor del Padre Espiritual hacia sus hijos, nos permite sacar más conclusiones y decir: Que el amor infinito de nuestro Padre Espiritual, no es caduco, sino eterno; que Dios nos creó por amor y eternamente nos amará, pues, en el pensamiento de nuestro Padre estamos todos sus hijos, los buenos y los malos, los obedientes a su ley y los desobedientes; y a los que se titulan cristianos les diré, acaso, en la parábola del hijo pródigo, creéis que el padre se olvidó en algún momento de su hijo descarriado, no, siempre estuvo esperando su arrepentimiento y la vuelta a la casa paterna, por eso, cuando regresó, lo recibió con gran alegría.

También sacamos como conclusión, que Dios ni pudo ni puede crear hijos diferentes, como ángeles unos y hombres otros, pues, de crear hijos de primera clase e hijos de segunda clase, no podríamos decir ni confirmar la expresión de que Dios es Amor.

Alguien podrá pensar que nosotros queremos negar la existencia de los ángeles, arcángeles, etcétera, no, simplemente lo que queremos decir, es que esos seres superiores que vulgarmente llamamos ángeles, arcángeles, etcétera, nosotros les llamamos espíritus de luz, y los reconocemos como hermanos nuestros, puesto que no han tenido una creación diferente a la nuestra, es decir, que no han recibido un trato de favor por parte de Dios, simplemente, tienen una grandeza, una sabiduría y una luz, porque se la han ganado con el cumplimiento de la ley de Dios, es decir, porque han practicado el amor, la paz y caridad que Dios encomendó a todos sus hijos.

Yo comprendo que cuesta creer, que esos espíritus de luz y sabiduría hayan sido creados en la misma igualdad de derechos y obligaciones que hemos sido creados los hombres, que han estado o que estamos en este momento habitando la Tierra.

Pero la duda desaparece cuando el ser humano tiene fe en ese amor y justicia de Dios igual para con todos sus hijos.

No envidiemos la grandeza espiritual de nadie, porque el que la tiene es porque se la ha ganado con la práctica del amor y caridad hacia sus semejantes.

No nos sintamos discriminados por la situación de ignorancia y tinieblas en la que el espíritu humano se puede encontrar, porque es la consecuencia justa del mal comportamiento que hemos tenido con los demás.

Como ya hemos mencionado, todos los seres humanos somos creados en una exacta igualdad de derechos y obligaciones, y supongo que, al oír esta afirmación que nosotros justificamos con el amor infinito que Dios tiene hacia todos sus hijos, surge de forma inmediata la pregunta: ¿Por qué siendo todos creados en una exacta igualdad de derechos y obligaciones, nos encontramos en este mundo en situaciones tan diferentes y circunstancias tan opuestas, como ricos unos, pobres otros, sanos unos y enfermos otros, etcétera, etcétera?

La respuesta a esta pregunta la daremos en su momento, cuando hablemos de los atributos de misericordia y justicia del Padre Espiritual.

Hemos dicho que Dios, por amor al ser humano, creó y crea al animal y al vegetal para que el humano se sirva de ellos en todo cuanto pueda necesitar.

Meditando sobre esto sacamos como conclusión, que la naturaleza es creación de Dios para que todos sus hijos se sirvieran de ella según fueran sus necesidades.

Usar de las cosas de la naturaleza para cubrir nuestras necesidades materiales, nunca puede ser una falta espiritual; las únicas faltas que se cometen es cuando abusamos de lo que Dios puso para todos.

Diremos, por lo tanto, que de todo podemos y debemos usar y de nada abusar.

No hay alimento que ensucie al hombre espiritualmente, lo único que nos ensucia son nuestros actos orgullosos, egoístas y vanidosos.

Como cristianos repetimos las palabras del Cristo: No ensucia lo que entra sino lo que sale. No nos ensucian los alimentos que tomamos, sino el odio y rencor que sentimos y manifestamos hacia nuestros semejantes.

Hemos dicho que Dios, por amor, da a todos sus hijos un lenguaje espiritual para que se comuniquen con él y con todos sus hermanos espirituales.

Meditando sobre esto, sacamos como conclusión, también, que es totalmente natural y lógico que el espíritu humano tenga facultades para comunicarse con su Padre Espiritual y con todos sus hermanos espirituales, como también, por natural tenemos, que los hombres hablemos con nuestro padre material y también con nuestros hermanos materiales.

Otra conclusión que sacamos, es que no es posible que Dios exista y se esconda de sus hijos, sin posibilidades, por lo tanto, de que sus hijos le vean y se comuniquen con él.

Hagamos una comparación con lo material, ¿encontraremos algún buen padre material que se esconda de sus hijos para que no lo vean y no le enseñe un lenguaje para relacionarse y comunicarse entre ambos?

¿Qué buen padre material no desea comunicarse con sus hijos?

¿Nos atreveríamos a decir que Dios se esconde de sus hijos y no desea comunicarse con ellos, después de atribuirle un infinito amor hacia todos ellos?

No podemos hablar de un Dios, padre Espiritual de todos los seres humanos, y que obre de una manera inferior a los hombres.

Oigo ensalzar a Dios por sus virtudes, oigo cantar alabanzas de Dios, pero la pregunta que me hago es: ¿Puede el Padre Espiritual grande, bueno, misericordioso y justo, obrar de una manera inferior a los hombres?

Os aconsejo que os hagáis esta pregunta, como yo también me la hago, y que tratéis de encontrar una respuesta a la pregunta por medio de una profunda meditación, porque, todos aquellos que creen en un Dios bueno, caritativo y justo, deben tener la total confianza que su inteligencia recibirá esa respuesta, tan clara, como sean sus merecimientos espirituales alcanzados por el cumplimiento de la ley de Dios.

Y también yo digo: ¿Qué buen padre material no se alegra cuando ve aconsejar al hijo mayor a sus hijos más pequeños?

No creo que nadie pueda imaginar, que un buen padre material prohíba la relación y comunicación entre sus hijos, y que también prohíba, que los hijos  mayores aconsejen a los más pequeños.

El Padre Espiritual no puede ser inferior a los hombres, por eso yo comparto lo que dice el Jesuita Blanco, que Dios por caridad concede que sus hijos superiores guíen a los inferiores en el cumplimiento de su deber o encomienda.

Haciendo una comparación con lo material me pregunto: ¿Qué buen hermano mayor, no tiende la mano a su hermano más pequeño cuando la necesita?

Nadie está excluido de la caridad del Padre Espiritual; pues todos, sin excepción, durante nuestra pequeñez espiritual estamos bajo la protección y dirección de un hermano superior a nosotros, que nos guía, nos aconseja, nos instruye y nos reprende con el toque de la conciencia cuando nos proponemos hacer algo contrario a la ley de Dios, es decir, cuando queremos hacer a algún semejante nuestro lo que a nosotros no quisiéramos que nos lo hiciesen.

Este hermano superior a nosotros, llamado ángel por otros, es el encargado de nuestra dirección y protección, y nosotros le llamamos guía protector, otros, ángel de la guarda, pero, ¡qué importa el nombre diferente si el significado es el mismo!

El guía protector para nosotros o ángel de la guarda para otros, es un hermano que ante el Padre Espiritual asumió la obligación de protegernos, instruirnos, guiarnos y reprendernos con el toque de la conciencia como anteriormente hemos comentado.

Pero, para instruirnos y guiarnos, solo es posible si nos relacionamos con él, y esto es posible con la meditación profunda, dirigiendo el pensamiento a Dios y separándolo de todo asunto material.

Cuando obramos del modo indicado, y lo hacemos sin ningún tipo de pasión ni rencor contra ningún semejante, la luz y sabiduría que irradia el pensamiento de ese hermano superior, ilumina nuestra pequeña inteligencia ayudándonos a reconocer nuestros deberes y obligaciones, y, ayudándonos también a comprender lo que es verdad y lo que es mentira.

Yo os aconsejo que obréis del modo mencionado al escuchar mis palabras, meditad, elevad vuestro pensamiento al Padre, y tened la seguridad que os ayudarán a comprender las verdades o mentiras que yo puedo decir en esta conferencia. ¡Desechad todo aquello que reconozcáis como mentira, y quedaros solo con aquello que reconozcáis como verdad!

Quisiera dar un consejo, nunca busquéis a vuestro guía protector o ángel de la guarda para conveniencias materiales, para conseguir objetivos egoístas o vanidosos, porque su obligación es otra, su obligación es ayudarnos a adquirir virtudes morales que no tenemos, a ser mejores personas, más humildes, más sencillos, más caritativos, más pacíficos, etcétera, etcétera.

Reconozco por el libre albedrío que todos tenemos, el derecho que tiene todo hombre a negar mis afirmaciones, pero, en defensa de mis afirmaciones os haré una comparación material: ¿De qué le valdría a un niño si le pusiéramos un profesor para instruirle si no puede verlo, ni oírlo ni comprenderlo? ¿Qué beneficio sacaría el niño de ese profesor? Ninguno, supongo que diréis.

¿Podríamos los hombres sacar algún provecho de nuestro guía protector o ángel de la guarda para nuestro progreso moral e intelectual, si no pudiéramos oírlo ni comprenderlo?

Yo os aconsejo que os hagáis esta pregunta.

Seguiremos hablando de los Atributos Divinos, pero antes diré, que la paz es lo más hermoso en la relación humana.

Dice el Jesuita Blanco, que Dios por su infinita paz, no se mete con nadie, ni castiga ni perdona, se hace inmutable.

Lo contrario de la paz, es la guerra y la violencia manifestada por el hombre cuando le domina el orgullo y la ambición, cuando no sabe frenar su cólera, su ira y su venganza.

Yo hago una pequeña meditación sobre la paz que manifiesta nuestro Padre Espiritual y saco como conclusión que, la cólera, la ira y la venganza, no pueden ser manifestaciones de nuestro Padre Espiritual.

Nunca hablemos de cólera ni de ira divina, porque no caben en Dios; estas actitudes solo son manifestadas por los hombres orgullosos y egoístas.

Su paz no anula a su justicia, por eso, nuestro Padre Espiritual no nos va responder nunca ni con cólera ni con ira, pero sí que nos va a juzgar y señalar las justas responsabilidades adquiridas por el mal obrar hacia nuestros semejantes, y seremos nosotros mismos los que elijamos el justo castigo a nuestras actitudes orgullosas y egoístas con las que tanto hemos hecho sufrir a los demás. (Más adelante aclararé esta afirmación).

Dice el Jesuita Blanco, que Dios por su infinita bondad, concede a todos sus hijos el libre albedrío para que cumplan cuando sea su voluntad.

El libre albedrío es una facultad que Dios concede a todos los seres humanos, sin excepciones para nadie.

Por ese libre albedrío, nosotros tendremos los méritos por el buen trato dado  a los demás seres humanos, tendremos, como vulgarmente se dice, el premio espiritual que nos hayamos ganado por nuestro cumplimiento a la ley de Dios.

Pero, por ese libre albedrío, también seremos responsables de todos los perjuicios causados a nuestros semejantes.

Que cosa más justa que nadie pueda ser privado de gozar o disfrutar de los méritos espirituales adquiridos por el cumplimiento de la ley de Dios, que no es otra, que tratar y respetar a los demás del mismo modo que nosotros queremos ser tratados y respetados.

Pero también, aunque esto no nos guste tanto, que cosa también más justa que nadie nos pueda librar del pago de las responsabilidades adquiridas por nuestros hechos contrarios a la ley de Dios, es decir, por el trato orgulloso y egoísta con el que tanto hemos hecho sufrir a nuestros semejantes.

Por nuestro libre albedrío y bajo nuestra total responsabilidad, los hombres elegimos el camino por donde deseamos andar, la creencia religiosa que queremos aceptar y seguir; y ningún hombre tiene derecho de atar a otro hombre en una creencia que él no desea.

Todos los que se sientan religiosos y pastores de almas, debemos dar ejemplo en el respeto que debemos a los demás, dejando que cada hombre, bajo su libre albedrío, se acoja a la creencia religiosa que él desee.

Por esto considero necesario que, como religiosos y pastores de almas, eliminemos de nuestro vocabulario ciertas palabras, como hereje, apóstata, infiel, etcétera, pues, todo hombre, por su libre albedrío y bajo su responsabilidad, tiene derecho a acogerse a la creencia religiosa que él desee, como dejarla cuando lo desee también.

¡Cuanta tristeza causa al oír que los directores de alguna religión han condenado a muerte a un ser humano por abandonar su religión!

¡Cuanta tristeza causa al ver como algunas religiones inscriben como miembros de su religión a seres humanos que, por su corta edad, no pueden decidir, ni rechazar ni aceptar!

Yo me pregunto: ¿Dónde está la libertad de conciencia?

¿Es posible que llevemos tanto atraso moral, estando en el siglo que estamos?

¿Es qué para las religiones no existe el progreso?

¿Dónde está el respeto que, mutuamente, todos los hombres nos debemos los unos a los otros?

¿Habrá algún hombre que le agrade que le obliguen a ser practicante de una religión por cualquier medio de coacción?

Nosotros afirmamos lo que dijo Pedro continuador de la obra de Jesús: Sin libertad de conciencia no hay religión.

La libertad de conciencia es un derecho que debemos gozar todos los seres humanos, sin ninguna limitación por parte de nadie, ya que nadie está autorizado a robarlo.

Nosotros decimos, si los hombres tenemos como delito el robo de las cosas materiales, ¿por qué no tenemos por más delito el robo del libre albedrío, el robo sagrado de ese derecho concedido por nuestro Padre Espiritual?

Cuando Jesús envió a sus Apóstoles a predicar la ley de Dios por todo el mundo, les dijo: Dónde no os quieran recibir, sacudid el polvo de vuestras sandalias y continuad el camino.

Jesús fue uno de los hombre más liberales que ha existido sobre la Tierra, por eso, nunca obligó a nadie a que le siguiera y, aconsejó a sus seguidores, que tampoco ellos obligaran a nadie.

¡Cuanta tristeza causa leer la historia de la humanidad, y ver, como muchos que se titulaban cristianos y hasta representantes del Cristo en la Tierra, ordenaban la tortura y la muerte de todas aquellas personas que no querían seguirles, por no compartir sus principios teológicos ni morales, y a los que les daban el título de herejes!

Cuando se lee la historia de la humanidad, nosotros, los religiosos, nos debíamos sentir muy avergonzados de nuestra conducta a través de la historia, siempre hemos ocupado el mayor rango social, siempre disfrutando de beneficios y privilegios concedidos por las leyes de los hombres, como también, excluyéndonos de obligaciones que nosotros señalábamos a los demás hombres.

El fanatismo religioso, ciertamente, es una conducta que remite poco a poco, y es triste saber que, gracias a las leyes de los hombres, los religiosos no siguen cometiendo crímenes contra la humanidad.

Es triste leer la historia de la humanidad y ver, que las conductas fanáticas, no fueron desapareciendo por el arrepentimiento de los religiosos, sino por las leyes liberales de los hombres, que han ido poniendo impedimentos a los religiosos para que no pudieran seguir cometiendo las atrocidades de otros tiempos.

Quisiera hacer un llamamiento a todos los religiosos, pues todos tenemos una gran responsabilidad ante Dios por nuestros consejos y dirección que damos a la humanidad. He comentado que no podemos sentirnos muy satisfechos de los hechos que los religiosos han cometido a través de la historia, por eso mi llamamiento, para que, de las religiones, desaparezcan las invitaciones a la guerra y al odio, para que desaparezcan también, todo tipo de discriminaciones, empezando por la más conocida, la discriminación de la mujer, pues, la mujer tiene la misma capacidad para ocupar los cargos que hoy solo los hombres se consideran capacitados para ello.

Nuestras palabras han de tener una fuerza moral que solo se la da nuestros propios hechos. Hemos de tener la fuerza moral para denunciar discriminaciones, pero, si nosotros las cometemos, ¿dónde estará esa fuerza moral para que nuestras denuncias sean oídas?

Seguiremos hablando de los Atributos Divinos.

Dice el Jesuita Blanco que Dios, por su infinita misericordia, concede al ser humano cuantas encarnaciones necesite para cumplir la Encomienda Divina, y que por justicia, Dios concede que todos sus hijos le vean, le oigan y le comprendan con más claridad a medida que avanzan en el cumplimiento de la Divina Encomienda.

Cuando por el amor del Padre Espiritual, sacamos como conclusión, que Dios creó, crea y creará eternamente a sus hijos en una exacta igualdad de derechos y obligaciones, sin tratos de favor para nadie, y sin excepciones para nadie, pues si obrara de otra manera, no estaría justificado su infinito amor hacia todos sus hijos; comentamos, si os acordáis, que esta conclusión nos conduce a una pregunta: ¿Por qué siendo todos creados en una exacta igualdad de derechos y obligaciones, nos encontramos en este mundo en situaciones tan diversas y circunstancias tan opuestas, como ricos unos, pobres otros, sanos unos, enfermos otros, etcétera, etcétera?

Ahora voy a responder a esa pregunta, mencionando la respuesta que el Jesuita Blanco dio: Nuestra estancia en este mundo se debe a nuestro incumplimiento de la ley de Dios en otros mundos mejores, pues, por nuestra rebeldía, fuimos separados de nuestros hermanos obedientes y traídos a este mundo que nosotros llamamos destierro.

Este calificativo de mundo de destierro con que nosotros llamamos a la Tierra, no es nuevo en este mundo, pues sabemos que otras creencias religiosas también así le llaman, aunque hay una gran diferencia en la interpretación o significado que se le da a esta palabra, pues nosotros afirmamos que estamos en este destierro por nuestra propia rebeldía, porque la justicia divina establece que cada uno tiene que cargar con las responsabilidades de sus propios hechos, porque no sería justo que alguien cargue con las responsabilidades de hechos realizados por otros.

Yo digo que, todo aquel que crea de verdad en el amor y la justicia de nuestro Padre Espiritual, no se atreverá a decir que el hombre está cargando con responsabilidades de hechos que él no ha cometido, es decir, que está sufriendo las consecuencias de hechos cometidos por otros.

Si la justicia de los hombres desterrara o llevara a la cárcel a un hombre, porque le han hecho responsable de crímenes que no ha cometido, ¿qué diríamos de la justicia de los hombres? Supongo que todos diríamos, que la justicia humana se ha equivocado, porque castigó a un hombre que no cometió tales crímenes, y dejó sin castigo y libre de responsabilidades al que los cometió.

¿Habrá algún religioso o teólogo que sostenga que la justicia divina también se equivoca, y por eso, ha hecho cargar al hombre con responsabilidades de hechos que no ha cometido?

Yo creo que no es necesario hacer grandes estudios de filosofía y teología para reconocer que la justicia divina, como perfecta y exacta, no puede hacer cargar a un hombre con las responsabilidades de hechos que otro haya cometido.

Os haré una comparación: Si a un padre material que tiene varios hijos y le desobedece el hijo mayor, ¿consideraríais que sea justo que ese padre castigue a todos sus hijos por esa desobediencia del hijo mayor?

Mi respuesta es que no procedería con justicia castigando a todos sus hijos, pues, las responsabilidades de esa desobediencia solo deben recaer en el hijo que la cometió.

Meditando en ese amor infinito y en esa justicia infinita de nuestro Padre Espiritual, yo saco más conclusiones: Nadie será salvo por los méritos de otros, como nadie será condenado por los pecados que otro haya cometido.

Os recuerdo el consejo que os he dado, meditad y quedaros con lo que vuestra inteligencia vea como verdad, y rechazad lo que reconozcáis como equivocado.

Cuando al ser humano le llega la hora de su muerte, para nosotros desencarnación, todos nos preguntamos: ¿Qué hay después de la muerte del cuerpo físico? ¿En qué situación nos vamos a encontrar?

Para los materialistas o ateos, la respuesta es sencilla, pero, para los que creemos en la inmortalidad del alma, todos esperamos habitar en un reino de felicidad, de satisfacción y de gozo, pero, ¿lo conseguimos todos? La respuesta la hemos de encontrar en la meditación del atributo de justicia del Padre Espiritual.

El que ha cumplido con la ley de Dios, es decir, el que ha tratado y respetado a sus hermanos como él quería ser tratado y respetado, la justicia de nuestro Padre Espiritual le ofrecerá esa morada de felicidad y de gozo por el merecimiento de sus propios hechos; pero el que no ha cumplido con los deberes de amor y caridad que debemos a nuestros semejantes, pues ha tratado a los demás como él no quería ser tratado, no respetó a sus hermanos como él quería ser respetado; la respuesta del Padre Espiritual no puede ser la misma, por el contrario, la Justicia divina nos debe señalar con total exactitud y precisión, todas las responsabilidades adquiridas por esos tratos orgullosos y egoístas con los que tanto hemos hecho sufrir a los demás.

¿Qué ocurre en esta situación? El Jesuita Blanco asegura que el ser humano tiene que volver a nacer de nuevo para recoger los sufrimientos que ha causado, es decir, para pasar por la medida con la que ha medido a los demás.

Por eso hacemos nuestra la expresión del gran maestro Jesús: Con la vara que midáis seréis medidos.

Preguntémonos: ¿Qué respuesta tendrá nuestro Padre Espiritual para sus hijos incumplidores de su ley, de esa ley que nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos?

La respuesta la deduciremos conociendo y aceptando los atributos de nuestro Padre Espiritual, pues, si por su justicia infinita nos va a señalar todas las responsabilidades adquiridas por todos los malos tratos dados a nuestros semejantes, desde el más pequeño acto de burla o desprecio, hasta el mayor atropello que podemos cometer contra un semejante nuestro; por su infinita misericordia, nos va abrir una puerta para nuestro arrepentimiento para que podamos redimir nuestras faltas, y con actos de amor, paz y caridad hacia nuestros semejantes, sacrificándonos si es preciso, compensemos los malos tratos dados a nuestros hermanos, es decir, para poder hacer más bien que mal hemos hecho.

La misericordia divina no es un atributo en contradicción con la justicia de nuestro Padre Espiritual.

Hacemos también nuestras aquellas palabras del gran maestro Jesús: Al que mucho ama, mucho se le perdona, es decir, al que mucho bien hace a sus hermanos, también se le perdonan muchas responsabilidades adquiridas por los malos tratos dados a sus semejantes. Esta es la manera de redimir nuestras faltas cometidas, haciendo más bien que mal hemos hecho.

Todos estamos bajo la exacta justicia de nuestro Padre Espiritual, por eso, nadie espere un perdón de sus malos hechos sin redimirlos con buenas acciones, y que nadie espere que otro redima sus responsabilidades.

El ser humano es responsable de sus hechos orgullosos y egoístas cometidos contra sus semejantes por ese libre albedrío que tiene, y solo él podrá redimir sus faltas cometidas practicando el amor y caridad, y recogiendo los sufrimientos que él también causó a sus semejantes.

He comentado cuando hablé de la infinita paz del Padre Espiritual, que éste no nos va a responder nunca, ni con cólera ni con ira, pero sí que nos va a juzgar y señalar las justas responsabilidades adquiridas por el mal obrar hacia nuestros semejantes, y que seremos nosotros mismos, los que elijamos el justo castigo a nuestras actitudes orgullosas y egoístas con las que tanto hemos hecho sufrir a los demás.

La misericordia divina es una puerta que todos tenemos abierta para poder redimir con buenas acciones, los perjuicios causados a nuestros semejantes.

Al pedir al Padre Espiritual que nos permita nacer de nuevo, para dar el amor y caridad que antes hemos negado a nuestros semejantes, el Padre nunca dirá que no, porque si Dios negara a su hijo la oportunidad de redimir sus errores cometidos, ¿cómo justificaríamos su infinita misericordia?

El ser humano que necesita nacer de nuevo, lo hará por la infinita misericordia del Padre Espiritual, y por su libre albedrío, él mismo elegirá el lugar de su nacimiento, la nación, la familia, el sexo, etcétera, etcétera.

Todo ser humano será responsable de su comportamiento hacia sus semejantes, en las circunstancias en las que se encuentre, ya que fueron elegidas por el mismo.

No hay circunstancias que justifiquen el odio, el rencor, el abuso o la violencia hacia los demás, porque, todos antes de nacer, hemos hecho una promesa al Padre Espiritual, la promesa de cumplir su ley de amor, paz y caridad con todos nuestros semejantes en las circunstancias que nosotros mismos hemos elegido para nacer.

Creemos que la humanidad debe saber, que las circunstancias y situaciones diversas en las que nace y vive el ser humano en este mundo, no es un capricho de Dios, es una consecuencia de nuestra propia decisión, tomada para recoger los sufrimientos y humillaciones equivalentes a las que nosotros hemos causado a nuestros semejantes con nuestros actos orgullosos y egoístas en anteriores encarnaciones.

Al leer la historia de la humanidad, vemos, como los hombres, hemos hecho beber a nuestros hermanos muchas amarguras por nuestro comportamiento orgulloso y egoísta; ¡qué justo es que, para demostrar nuestro arrepentimiento a esos hechos, tengamos nosotros que beber, también, tantas amarguras como hemos causado!

Los hombres somos muy dados a dar gracias a Dios por la situación cómoda de nuestro vivir material, por la salud de nuestro cuerpo, etcétera, etcétera.

Yo digo, que el que sea rico o tenga un cuerpo saludable, que no dé gracias a Dios por su situación material, porque es la situación que él ha elegido para nacer, para desde esa situación cumplir con lo prometido al Padre Espiritual, el practicar el amor, paz y caridad hacia sus semejantes, y que de no hacerlo, responderá del abuso que cometa con sus bienes materiales, como también responderá por los abusos cometidos con esa salud que disfruta materialmente.

El hombre, pobre o enfermo, que no maldiga su situación, ni maldiga a su Padre Espiritual por esa situación en la que ha nacido y vive, porque ha sido también su elección.

Demos todos, en tal caso, gracias a Dios, ya que por su infinita misericordia nos permitió volver a nacer, para redimir todas nuestras faltas, y así, de las tinieblas poder pasar a la luz, de la ignorancia a la sabiduría, del sufrimiento temporal de la Tierra a la felicidad eterna del cielo.

Como he dicho ya anteriormente, cualquiera podrá negar estas afirmaciones mías, pero, en defensa de mis afirmaciones aconsejo que nos preguntemos: ¿Puede alguien creer y confiar en un Dios bueno, misericordioso y justo con todos sus hijos, si Dios tiene a sus hijos en este mundo en situaciones tan diversas y circunstancias tan opuestas, sin haber una causa que lo justifique? ¿Podemos creer, que Dios tiene diferentes varas de medir a sus hijos, por eso, a unos les da lo que les niega a otros? ¿Podemos creer que Dios es caprichoso y arbitrario colocando a sus hijos, a unos, en una situación cómoda, y a otros, en una situación estrecha y amarga?

Os aconsejo que os hagáis estas últimas preguntas como yo también me las hago.

Yo saco una última conclusión que, sobre Dios y su creación, nos queda a los hombres mucho que ver, oír y comprender; por eso, no tapemos los ojos para no ver, ni los oídos para no oír, y no nos fanaticemos para no comprender.

El progreso, es un hecho natural, que nadie podrá detener ni parar.

El hombre ha progresado en los conocimientos materiales, lo que nosotros llamamos ciencias, por el esfuerzo y la constancia.

Lo único reprochable de la ciencia, es que no siempre se desarrolló para beneficio del hombre, si no, muchas veces, para destruir al hombre.

De todos modos, nos han dado a los religiosos una lección, que todos nosotros debíamos aprender, han tenido el valor de rectificar, y lo que algún día era enseñado como verdad, se rectifica y se asume ese error o equivocación.

¿Hacemos así los religiosos? ¿Tendremos el valor de rectificar conceptos teológicos y morales si reconocemos que estamos equivocados?

Alguno podrá decir, será muy difícil que eso ocurra, pero yo os digo, que eso ocurrirá, porque el progreso, como he dicho, nadie lo podrá detener, y si hoy, no hay hombres valientes que se atreven a rectificar, podéis estar seguros, que mañana los habrá.

Fin de la conferencia del 20 de Junio de 2006

Tema: La Ley de Dios y Atributos Divinos presentados por el Jesuita Blanco.

Lugar: Centre Interreligiós de Barcelona.

Organizada por: Templo Cristiano según la ley de Dios.


A continuación copiamos la hoja titulada:
Doctrina cristiana según la ley de Dios.
Fue publicada por El Jesuita Blanco por el año 1900.
Esta hoja explica la Ley de Dios y los Atributos divinos.


DOCTRINA CRISTIANA SEGÚN LA LEY DE DIOS

LA SALVACIÓN DEL ALMA

—¿Cómo puede salvarse el alma?

—Cumpliendo la ley de Dios.

—¿Cómo se hace este cumplimiento?

—Haciendo con todos como queremos que hagan con nosotros en igualdad de circunstancias y no haciendo a ellos lo que no queramos que nos hagan a nosotros.

—¿Cómo podremos comprender cuando cometemos falta a la ley?

—El guía protector avisa siempre al protegido cuando trata de cometerla, con el toque de la conciencia que la rechaza; y el que obedece al aviso no falta nunca.

—¿Cómo podremos comprender al guía?

—Dirigiendo nuestro pensamiento al Sol separado de toda cosa terrena, hablamos y nos entendemos con los pensamientos como con la palabra entre los hombres.

—¿Obrando así no cometemos falta ante Dios?

—De todas las faltas que se cometan obrando de este modo, responde:

EL JESUITA BLANCO

ATRIBUTOS DIVINOS

Dios por el atributo de AMOR creó y crea eternamente los espíritus de los humanos para tener con quién relacionarse, y les da un lenguaje espiritual para comunicarse con él y con sus hermanos espirituales, y crea el vegetal y al animal para que sirvan al humano en cuanto puedan necesitar.

Por el de PAZ.— No se mete con nadie, ni castiga ni perdona, se hace inmutable.

Por el de CARIDAD.— Concede que sus hijos superiores guíen a los inferiores en el cumplimiento de su deber o encomienda.

Por el de BONDAD.— Concede el libre albedrío a todos sus hijos para que cumplan cuando sea su voluntad.

Por el de MISERICORDIA.— Concede cuantas encarnaciones nos sean necesarias para cumplir la encomienda.

Por el de JUSTICIA.— Concede que le vean y comprendan todos sus hijos con más claridad a medida que avanzan en el cumplimiento de la Divina encomienda.


ES DEBER DE CADA UNO SABER

¿Quién eres? Un espíritu desterrado.

¿De dónde procedes? Mi forma de taller universal, mi inteligencia del sol central.

¿Por qué te han traído aquí? Por no haber cumplido la ley divina en otros mundos mejores.

¿Para qué te han traído? Para que ame a mi prójimo como a mi mismo.

¿Y a dónde debes marchar? Al sol de justicia que es nuestra casa Paterna.


El Jesuita Blanco

Imprenta: Valencia, 545 -Barcelona

Lector: Cuando desee acceder a esta hoja utilice esta dirección: https://pedrocontinuador.net/ley-de-dios.htm



A continuación copiamos la hoja titulada:
<<Sin libertad de conciencia no hay Religión>>, publicada
por Pedro continuador de la obra de Jesús por el año 1906.
Mencionada en la conferencia que más arriba transcribimos.


SIN LIBERTAD DE CONCIENCIA NO HAY RELIGIÓN
Probémoslo

¿Qué es religión?

Es una virtud moral con que adoramos a Dios.

¿Cómo debemos comprender que no habiendo más que un Dios haya tantas religiones y todas se atribuyan la única verdadera?

Religión verdadera con la que podéis adorar a Dios no hay más que una, y ésta si la cumplís, la establecida por el mismo Dios cuando al dotar al espíritu con su esencia Divina (alma, vida e inteligencia) le dice: Amor, paz y caridad te encomiendo con todos tus semejantes, no volverás a mi lado hasta que así hayas cumplido, llevas contigo libre albedrío; vete, recorre la pluralidad de mundos. Las demás son formadas por los hombres orgullosos y egoístas que deben quedar en la Tierra; puesto con tales enemigos del alma no pueden llegar a Dios.

¿Qué fórmula podríamos usar para poder cumplir la encomienda con el mejor acierto?

Cristo os lo dijo, amad al prójimo como queréis ser amados, tratarlo como queréis ser tratados; que en ello amáis a Dios, ésta es la verdadera Religión.

Al espíritu desterrado que sigue las sectas que se llaman religiones y no cumplen la encomienda Divina, ¿qué puede sucederle?

Volver a tomar otra encarnación en condiciones más penosas hasta padecer, en beneficio de sus semejantes, tanto como los hizo padecer a ellos por propia voluntad.

¿Volverá a la Tierra?

A la costra o al centro de ella, puesto la puerta de la muralla atmosférica se cerró con las bodas del cordero, como estaba anunciado.

¿Es por castigo de Dios el tener que volver?

Dios como inmutable para sus hijos, desde que los crea hasta que cumplen su mandato, no castiga ni perdona; ellos tienen libre albedrío para cumplir su propia voluntad, pero no pueden llegar a Él hasta después de haber cumplido.

¿Qué delito comete el que priva a otro de cumplir el mandato Divino?

El de robo de libre albedrío; por lo que carga con los perjuicios que el otro pueda tener.

Los que se dicen Directores de almas, no las dirigen por la encomienda Divina, y son obedecidos por los dirigidos, ¿se hacen responsables del atraso de los últimos?

Sí, en todo.

¿Y si fueren ignorantes de la encomienda?

No cabe ignorancia, puesto fue recomendada por vuestro hermano Jesús a toda la humanidad de la Tierra.

Comprendo que eso pueda caber a los que se titulan cristianos y obran mal al enseñar lo que no saben; pero también comprendo que pudo no haber llegado a otras sectas la tal recomendación e ignorarla todavía.

Si el caso que nos ocupa hubiera sido para aumentar los intereses del cuerpo, la orbe del mundo entero te hubiera molestado para conocer los medios de obtenerlos para satisfacer a los enemigos del alma, mas como la predilecta es la última en el mandato y la ley es justa, da a todos lo que se merecen por sus hechos, según el estado de su conciencia en los momentos de obrar.

¿Les queda a los dirigidos alguna responsabilidad sobre los actos que ejecutan contra sus semejantes por esa causa?

Si tales actos los cometen por obedecer a otros superiores, no; mas, sí son responsables de los que por propia voluntad cometen.

Como se comprende por lo expuesto, es imposible hacer uso de la única religión, sin la más amplia libertad de conciencia; y que todo individuo que se oponga a la mencionada libertad responderá ante los tribunales espirituales de la Nueva Jerusalén del robo que haga, como responden ante los de la Tierra los criminales por robo material.

Queda explicada nuestra manera de comprender la Religión, moral, Cristiana y Divina para que la acepte el que sea su voluntad; mas si entre todas las sectas, incluso las Bíblicas o Evangélicas, pueden presentarnos otra que con menos palabras, más fácil de practicar y comprender y que nos haga más felices en la Tierra y fuera de ella, les suplicamos que, por caridad, nos la presenten; pues mientras así no sea usaremos ésta, como universal que es y Divina, para continuar la regeneración del género humano en la Tierra, para cuyo fin nos han educado nuestros instructores y maestros.

PEDRO CONTINUADOR DE LA OBRA DE JESÚS
(Antes JESUITA BLANCO)

Nota.- Se autoriza a todo el que quiera y pueda para la reimpresión textual y publicación en todos los idiomas de la presente hoja.

Imprenta: Paja,5 -Barcelona

Lector: Cuando desee acceder a esta hoja utilice esta dirección: https://pedrocontinuador.net/libertad-de-religion.htm



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