Pecados mortales cometidos por el Catolicismo: El bautismo con agua, el celibato forzoso, la adoración de ídolos o imágenes y el perdón de pecados; todo ello es contrario a la doctrina del Cristo y a la ley de Dios y, por lo tanto, pecados mortales.

Con fecha febrero de 2007 hemos recibido la carta de un católico a la que respondimos. Pasado un tiempo, tomamos la decisión de publicarla en Internet junto con nuestra respuesta. Después de pasado bastante tiempo, recibimos otra carta de otro católico haciéndonos saber la disconformidad que él tenía con nuestra respuesta publicada en Internet; a esta segunda carta respondimos tomando la decisión de publicarla también en Internet, pero solo nuestra respuesta. Hemos omitido publicar la carta recibida y cualquier dato personal del que nos escribió.

Lector: A continuación transcribimos nuestra segunda respuesta al católico que nos escribió. Si desean leer nuestra primera respuesta y la carta que nos remitió el primer católico que nos ha escrito, al final de esta página encontrará un enlace que le permitirá acceder a lo comentado.

Segunda respuesta nuestra al católico que nos escribió:

Quiero responderle a la carta que me envió tratando de justificar las enseñanzas del catolicismo como verdaderas y también para hacerme ver mis errores, tomando así la defensa de la doctrina católica, cosa que no hizo el otro católico que me escribió y que yo le respondí, aunque le pedí por caridad que me ayudara a ver mis errores.

En el segundo párrafo de su escrito hace mención al conocimiento que ya tiene de los crímenes cometidos por el catolicismo a través de la historia, y pide que no le echemos tanto en cara al catolicismo estos feos hechos, etcétera, etcétera.

Yo le diré que son ustedes los católicos los que constantemente los recuerdan, pues siguen sosteniendo el derecho de representar a Dios y al Cristo aquí en la tierra, afirmando que este derecho se trasmite de Papa en Papa, aunque muchos hayan sido criminales, ladrones, torturadores, incestuosos, etcétera, etcétera.

No le mencionaré ningún Papa y los atropellos que han cometido, pues, hasta para mi me resulta vergonzoso. Pero sí que le diré que el catolicismo engaña a la humanidad atribuyéndose esa representación. No es posible que un Dios bueno y justo tenga aquí en la tierra, como representante suyo, a hombres criminales, ambiciosos, ladrones, etcétera, etcétera, y solamente le mencionaré un hecho: Algunos Papas asesinaron a su antecesor para quitarle esa representación al anterior Papa y abrogársela ellos, ¿puede Dios y el Cristo tomar a ese asesino como representante suyo en la tierra? Decís que blasfemar es decir injurias contra Dios y que es un grave pecado, y yo me pregunto: ¿Puede haber mayor injuria contra Dios que sostener que hombres criminales hayan sido sus representantes en la tierra?

Yo no soy el que ha de cortar con ese pasado, han de ser ustedes los que le han de negar a esos Papas criminales toda autoridad moral, repudiando los crímenes que han cometido contra la humanidad. Si la Iglesia Católica rompe con el pasado y se presenta con un nuevo mensaje basado en el amor, paz y caridad que nos debemos mutuamente los unos a los otros; esa nueva Iglesia, sí que podría representar al Cristo en la tierra, porque el derecho de representar al Cristo aquí en la tierra nos lo da nuestros hechos ajustados a la ley de Dios, que se encierra en: Amar al prójimo como a uno mismo. Yo deseo que el catolicismo haga ese cambio, no solo por el beneficio que alcanzaréis vosotros, sino por el mucho bien que haréis a la humanidad. ¡Volved a ser cristianos de verdad, y que la humanidad os conozca por vuestros hechos de amor y caridad como aconseja el Cristo!

Le puedo asegurar que muchos católicos se alegrarían de ver esa nueva Iglesia Católica, practicando de verdad los consejos de Cristo, como también se alegrarían muchos que hoy no lo son, entre ellos yo mismo.

Antes de iniciar mi respuesta a los otros temas que me comenta, le diré cuales son los cimientos de mi creencia, ya que los suyos como católico ya me los dio a conocer.

Le diré que los cimientos de mi creencia, en lo moral es el cumplimiento de la ley de Dios encerrada en amar al prójimo como a uno mismo, y los fundamentos teológicos son los atributos de amor, paz, caridad, bondad, misericordia y justicia, todos en grado infinito, concedidos al Creador Universal, así como un poder y una sabiduría infinita que reconocemos también en ese Padre Espiritual, teniendo la total fe y confianza de que estos atributos del Padre los ha justificado, los justifica y los justificará eternamente con sus hechos.


En cuanto al celibato

El celibato fue una imposición establecida para todo el clero, como usted muy bien debe saber, por la Iglesia Católica y Romana, muchos años después de la muerte de Cristo.

No se trata de una tradición cristiana establecida por Jesús y sus Apóstoles, ya que estos eran casados, muy al contrario, fue establecida muchos años después de la muerte del Cristo por inconfesables intereses egoístas y orgullosos, ya que no fue ni el amor ni la caridad el origen de esta imposición.

Con esta decisión tomada por la Iglesia Romana y continuada después por todos los Papas hasta el día de hoy, habéis declarado al matrimonio como un hecho antagónico, incompatible con la labor sacerdotal.

El Cristo fundó su Iglesia con hombres casados, demostrando así que la procreación es un acto de amor y caridad; vosotros en cambio los excluís de vuestra Iglesia no permitiendo que puedan ejercer como sacerdotes. ¿Consideráis con este proceder que la Iglesia Romana de hoy es más pura y más perfecta que la que fundó el Cristo? ¿Os atreveríais a decir que el Cristo se equivocó al fundar una Iglesia con hombres casados?

Tu Iglesia obliga a dejar la condición sacerdotal a todo sacerdote que tome a una mujer en matrimonio como irreconciliable la condición de hombre casado con la de sacerdote, sin embargo al leer el libro sagrado del Catolicismo, La Biblia, encontramos lo que ya he comentado:

Cualidades de los obispos: Epístola San Pablo 1ª Timoteo 3, 1 al 5: Palabra de verdad. Si alguno desea el episcopado, buena obra desea; pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, morigerado, hospitalario, capaz de enseñar, no dado al vino ni pendenciero, sino ecuánime, pacífico, no codicioso; que sepa gobernar bien su propia casa, que tenga los hijos en sujeción, con toda honestidad; pues quien no sabe gobernar su casa, ¿cómo gobernará la Iglesia de Dios?

Condiciones de los Obispos: Epístola San Pablo a Tito 1, 6 al 9: Que sean irreprochables maridos de una sola mujer, cuyos hijos sean fieles, que no estén tachados de liviandad o desobediencia. Porque es preciso que el obispo sea intachable, como administrador de Dios; no soberbio, ni iracundo ni dado al vino ni pendenciero ni codicioso de torpes ganancias, sino hospitalario, amador de los buenos, modesto, justo, santo, continente, guardador de la palabra fiel; que se ajuste a la doctrina, de suerte que pueda exhortar con doctrina sana y argüir a los contradictores.

Los diáconos: Epístola San Pablo 1ª Timoteo 3, 12 y 13: Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que sepan gobernar a sus hijos y a su propia casa. Pues los que desempeñaren bien su ministerio alcanzarán honra y gran autoridad en la fe que tenemos en Cristo Jesús.

Por los consejos anteriormente dados por San Pablo, el matrimonio es aconsejado para todos los que se dediquen a la enseñanza cristiana.

La pregunta que cualquier teólogo se puede hacer es: ¿Por qué el catolicismo, que tiene la Biblia como regla de fe y moral, ha desoído los consejos de San Pablo? ¿Tendrán más razón que San Pablo, todos los Papas que han seguido manteniendo el celibato forzoso para todo el clero? ¿Demostráis con este proceder que la Biblia es para vosotros "Palabra de Dios" cuando establecéis normas contrarias a lo que ella dice?

Seguimos leyendo la Biblia y encontramos:

Génesis 1, 27 y 28: Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; los creó varón y hembra. Y echóles Dios su bendición, y dijo: <<Creced y multiplicaos, y henchid la tierra y enseñoreaos de ella, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los animales que se mueven sobre la tierra>>.

Génesis 3, 16: Dijo a si mismo a la mujer: <<Multiplicaré tus trabajos en tus preñeces; con dolor parirás los hijos, y estarás bajo la potestad de tu marido y él te dominará>>.

Génesis 9, 1: Después bendijo Dios a Noé y a sus hijos. Y díjoles: <<Creced y multiplicaos, y poblad la tierra>>.

Génesis 9, 7: <<Vosotros, pues, creced y multiplicaos, henchid la tierra, y pobladla>>.

Pablo habla de la mujer y dice en 1ª Timoteo, 2, 15: Se salvará por la crianza de sus hijos, si permaneciere en la fe, en la caridad y en la castidad, acompañada de la modestia.

Dice usted hablando del celibato, que los sacerdotes y las monjas lo toman como una ofrenda a Dios; pero yo le digo que cualquier hombre que medite un poco se preguntará, ¿cómo es posible que Dios acepte como ofrenda la desobediencia a los mandatos que él mismo estableció para la pareja humana? ¿Qué mayor incongruencia puede haber que querer agradar a Dios desobedeciendo los mandatos por él establecidos?

Hace usted una consideración personal al mandato divino de "Creced y multiplicaos"; y con otras palabras viene a decir: Los hombres hemos de limitar la procreación ya que el mundo es limitado.

Por lo que usted dice surge las siguientes preguntas: ¿Es Dios infinitamente sabio? ¿Es usted católico negando a Dios su infinita sabiduría? ¿Puede un Padre infinitamente sabio establecer leyes que han de ser rectificadas necesariamente por sus hijos los hombres? ¿No será que el hombre con su orgullo y soberbia se considera más sabio que Dios? ¿Es así como el hombre confía en la sabiduría infinita de Dios y en su bondad? ¿Es esta consideración suya con la que quiere justificar el celibato, y así compensar la poca sabiduría de Dios? ¿Cree que los hombres pueden tener hijos cuándo quieran y cuántos quieran? ¡Qué poco conoce las leyes de la naturaleza! No creo que estén de acuerdo sus superiores jerárquicos con su consideración.

Estos son los argumentos que yo le presento sacados de ese libro llamado la Biblia y considerada por el catolicismo como regla de fe y de moral.

Yo no soy bíblico, por encontrar en la Biblia demasiadas contradicciones. Los fundamentos de mi fe, como le he comentado, son los atributos divinos que al inicio le menciono. Entre estos atributos está el de misericordia y justicia. Por la infinita justicia del Padre no hay hechos que pueda ejecutar el hombre sin ser conocidos por la justicia del Padre. Por los buenos hechos en favor de nuestros semejantes seremos premiados espiritualmente, y por los malos hechos realizados en perjuicio de los demás, la justicia divina nos señalará con toda exactitud las justas responsabilidades adquiridas.

Cuando el hombre deja su cuerpo en la tierra, el espíritu humano ha de presentarse a la justicia divina para ser juzgado por sus hechos realizados; podrá pasar al Reino de los cielos si sus buenos hechos le han dado méritos para ello, pero en caso contrario, cuando el hombre ha vivido dando la espalda a sus hermanos, y si alguna vez se acordó de ellos fue para explotarlos, robarlos, engañarlos, pisarlos, etcétera; todo hombre se debía preguntar y sobre todo los religiosos: ¿Qué respuesta tendrá el Padre misericordioso y justo para sus hijos que no han cumplido con sus deberes hacia los demás? Los que creemos en los atributos mencionados, reconocemos que por su justicia no puede perdonar ninguna de las faltas cometidas por los malos tratos dados a los demás, pero por su infinita misericordia el Padre no nos puede negar la oportunidad de rectificar nuestros malos hechos pasados, permitiéndonos para ello, volver a nacer, para dar el amor y la caridad que antes no hemos dado. ¿Cómo se puede justificar la misericordia de Dios si no nos diera oportunidades para rectificar nuestros errores? Si el Catolicismo aceptara la reencarnación del espíritu humano como acto misericordioso del Padre, comprendería las situaciones diversas en las que se encuentra el ser humano en este mundo, ya que no pueden ser situaciones caprichosas de Dios, porque, en tal caso, ¿dónde estaría su amor y su justicia infinita? Si aceptarais la reencarnación como un hecho natural y misericordioso del Padre comprenderíais porque hay ricos y pobres, sanos y enfermos, etcétera; y también comprenderíais que la procreación es un acto de amor y caridad hacia nuestros hermanos necesitados de nacer, para redimir sus errores, es decir, para pasar por la vara con que han medido a sus hermanos. Cuando veáis sufrir mucho a un hombre, no digáis que Dios lo ha querido, porque eso significa hacer a Dios caprichoso, decidle a la humanidad: Que el que mucho sufrimiento cause a sus semejantes mucho sufrimiento también ha de recoger.

Dice que el no procrear no es un pecado porque no está dicho en la Biblia, ¡qué razonamiento más pobre! Si en la Biblia Dios dice al hombre: Creced y multiplicaos, todo el que no cumpla con este precepto divino falta a la ley de Dios, y faltar a la ley de Dios es pecar, ¿no lo entiende usted así?

Le diré algo que a cualquier teólogo le preocupa ver en el catolicismo, ¿cómo es posible que el sacerdote o el obispo tengan que abandonar sus funciones de sacerdote u obispo por casarse, mientras que los curas y obispos pedófilos, abusadores de niños, pueden seguir ejerciendo sus funciones de sacerdote y obispo, y que uno de los castigos que pueden recibir es ser cambiados de parroquia u obispado? Quisiera preguntarle a usted, como buen católico que dice ser, que me ayude a entender: ¿Como el catolicismo tiene por más grande pecado el tomar una esposa a los ojos de Dios y de los hombres, que el ser un pedófilo, abusador de niños? Estos hechos que le menciono, amigo mío, no son hechos del pasado sino del presente.

Le prometí no mencionar Papas, pero le nombraré uno solamente para que vea la hipocresía de la Iglesia Católica, Alejandro VI (Borgia). Sobre este Papa los historiadores no se ponen de acuerdo en el número de amantes ni de hijos que tuvo, pero fue un Papa que mantuvo el celibato en el clero, y como no tomó una esposa a los ojos de Dios ni de los hombres siguió ejerciendo sus funciones de Papa. ¿Qué hubiera pasado si se casara? ¿Tendría que dejar el papado como lo tienen que dejar los curas y obispos? ¿No siente vergüenza que se siga manteniendo el celibato forzoso para el clero, pero permitiéndole tener concubinas y amantes? ¿Es esta la moral que el Cristo aconsejó?

¿No siente vergüenza de ser miembro de una Iglesia que tanto desprecia al matrimonio, aunque lo ensalza y lo declara como un sacramento? Ser un pedófilo, abusador de niños o tener concubinas o amantes no impide ejercer las labores pastorales, pero sí en cambio lo impide el tomar una mujer en matrimonio. A usted quizá le ofenda si esto lo calificamos como la gran hipocresía del catolicismo.

En su escrito se dirige a mi diciéndome:

Si habláramos en tus términos el ser humano viviría en un grave pecado mientras permaneciera soltero y saldría de él al casarse; eso, ¿no sería obligar al matrimonio?

¡Qué argumento también más pobre! ¿No tenemos libre albedrío, como usted menciona? Pues por ese libre albedrío el ser humano decide obedecer o no la ley de Dios. Y Dios como inmutable con todos sus hijos, deja que ellos cumplan su propia voluntad, pero por su justicia nos hace responsables de todas nuestras acciones. El que quiera recibir premio espiritual que cumpla la ley de Dios, pero el que no la cumpla ha de saber que nada puede recibir del Padre por mucho que pida, suplique o ruegue, porque Dios no se sale del nivel de su justicia. Cuando el Cristo dice a la humanidad: Amaos los unos a los otros, no obliga a nadie a que lo cumpla, pero le dice a la humanidad cual ha de ser su obrar para llegar al Reino de los Cielos.

Los que cumplimos con la procreación y la aconsejamos no lo hacemos para imponérsela a nadie, sino para decirle que procrear es cumplir el precepto divino de creced y multiplicaos, como ley natural y como un acto de amor y caridad hacia nuestros hermanos necesitados de nacer, para poder liberarse de las responsabilidades adquiridas por los malos tratos dados a los demás en anterior encarnación.

Te diré algo que dice tu libro sagrado, la Biblia: No solamente peca el que falta a la ley sino aquel que pudiendo hacer el bien no lo hace. (Pueden aplicarse este consejo todos los célibes que se niegan a procrear, para no sufrir las incomodidades que da el criar hijos).


Perdón de los pecados

Hermano, espero que no le ofenda esta palabra. El catolicismo ha tapado la boca a todo aquel que quiso decir la verdad porque os molestaba y os hacía sentir avergonzados de que pusieran al descubierto vuestra hipocresía; como se avergonzaron los sacerdotes judíos con el mensaje del Cristo, de ahí su odio hacia él. A aquellos sacerdotes el Cristo les llamó sepulcros blanqueados, y vosotros, ¿en qué os diferenciáis de ellos para que no os digan lo mismo? ¿Es esto manifestar algún resentimiento de odio hacia el catolicismo, como usted comenta? Acaso, ¿fue un acto de odio las palabras que el Cristo dirigió a los sacerdotes judíos?

Menciona la pregunta que yo hice en la anterior carta como reflexión sobre el perdón de los pecados:

¿Consideráis justo que el criminal, el terrorista, el estafador, etcétera, pueda liberarse de sus responsabilidades por el simple hecho de pedir perdón por lo que ha hecho?

Y usted contesta: NO, pero a continuación dice que la confesión borra nuestro pecado porque sabemos que el señor es misericordioso y bueno con sus hijos, etcétera, y añade después: Pero aún existe el daño, y es por medio de las buenas obras, sacrificios y manera de seguir las reglas del señor de allí en adelante, que ganamos indulgencias para reparar el daño causado; y a continuación pone un ejemplo.

¿Por qué menciona tanto la bondad y misericordia de Dios y para nada su justicia? ¿Creéis que la bondad y misericordia del Padre son incompatibles con su justicia? El Padre nunca deja de ser misericordioso ni bueno con sus hijos, y en eso tiene usted razón, pero tampoco nunca deja de ser justo. Como justo que es Dios no puede negar a sus hijos los premios espirituales que se han merecido por sus buenos hechos practicados con los demás; pero por esa exacta justicia tampoco puede ignorar los malos hechos realizados contra nuestros semejantes, por eso nos hace responsables de todos los perjuicios que causamos a los demás por nuestras malas acciones.

En su exposición primero dice que la confesión "borra nuestro pecado", y después añade: "Pero aún existe el daño". Estas palabras son contradictorias, pues al afirmar que después de la confesión quedan las responsabilidades por el daño causado, niega con estas palabras que la confesión borre nuestro pecado.

Hermano, me alegra mucho oírle decir que después de la confesión, el daño causado todavía existe y pone un ejemplo muy claro para entender lo que usted afirma.

Adelante hermano, siga diciendo a la humanidad que el daño que causamos no lo saldamos con la confesión sino con las buenas acciones, con los sacrificios realizados en beneficio de los demás.

¡Ojalá este modo de pensar de usted fuera compartido por todo el catolicismo! Pero me temo que no será así, y sus superiores jerárquicos le obligarán a retractarse de lo dicho.

Sería un gran paso que daría el catolicismo afirmando que con la confesión no quedan perdonados los pecados, pues es preciso compensar el daño que hemos causado, como usted muy bien explica con el ejemplo que expone. Si yo perjudico a mi hermano, con el arrepentimiento no puedo liberarme de las responsabilidades adquiridas por mis malas acciones; para liberarme de las responsabilidades adquiridas he de compensarle el daño causado. El arrepentimiento es bueno y necesario, pero solo lo hemos de tomar como punto de partida para aceptar los esfuerzos y sacrificios de los trabajos que hemos de llevar a cabo para compensar el perjuicio causado.

La confesión es una tradición judía establecida por Moisés y que ejecutaban públicamente. El catolicismo recogió esta tradición judía y la modificó, pues los pecados en vez de ser confesados públicamente se habían de confesar a un sacerdote. La humanidad ha de saber que la confesión no proviene del Cristo ni de los Apóstoles. Si el catolicismo hubiera sido fiel al mensaje del Cristo nunca hubiera aceptado esta tradición judía, y así no hubiera cometido el gran adulterio que cometió.

El Cristo como sabio que era comprendía que no hay un perdón regalado y gratuito como hasta la fecha viene enseñando el catolicismo, por eso dijo con palabras muy claras: Con la vara que midáis seréis medidos, como también dijo: "Perdónanos como perdonamos a nuestros deudores". ¡Qué medida más justa para alcanzar el perdón! Si yo perdono al que me ofende, al que me hace mal, etcétera, yo alcanzo el perdón de las ofensas y malos hechos realizados contra mis semejantes.

¡Cuanto bien podríais hacer a la humanidad recordándole estas palabras de Jesús!

Decidle a la humanidad: Perdonad al que os ofende y os serán perdonadas vuestras ofensas. Perdonad al que os ha hecho daño y os serán perdonados los daños que vosotros habéis causado. Perdonad al que os desprecia y os serán perdonados los desprecios que vosotros habéis dado, etcétera, etcétera.

Este es el mensaje del Cristo y el modo de alcanzar perdón sin necesidad de confesores ni confesionario.

Vuelve a mencionar otra pregunta mía dicha en la misma carta:

¿A qué altura ponéis la justicia divina atribuyéndoos el poder de perdonar las faltas que los hombres cometen cuando maltratan, ofenden, desprecian, etcétera a sus hermanos? ¿Puedes decirme hermano, si Jesús en algún momento dijo: Venid a mi a contarme vuestros pecados para que os sean perdonados o acudid a mis discípulos para que ellos os los perdonen, como lo hacéis vosotros?

A esta pregunta mía usted la responde diciendo:

1º Que el catolicismo establece la confesión como un medio para aceptar nuestros errores y manifestar nuestro arrepentimiento a Dios.

A esto le digo, lo que ya le comenté, si el catolicismo hubiera sido fiel al mensaje del Cristo, nunca hubiera cometido este adulterio aceptando la tradición judía de la confesión y que Cristo nunca practicó ni aconsejó. ¿Por qué no dejáis el adulterio y volvéis a la pureza del mensaje del Cristo donde no había confesionario, confesión ni confesores? ¿Qué sentido tiene la confesión si el verdadero arrepentimiento lo hemos de demostrar con nuestros hechos y acciones, haciendo más bien que mal hemos hecho? ¿Creéis que la justicia divina no sabe ver nuestro arrepentimiento y nuestras buenas acciones para saldar nuestras responsabilidades aunque no se lo confesemos a un sacerdote católico?

2º Dice usted: No olvides que María Magdalena fue perdonada por el señor, etcétera.

A esto le digo: ¿Qué poco ha leído la Biblia, su libro sagrado? No dijo Jesús que al que mucho ama mucho se le perdona y al que poco ama poco se le perdona. Jesús no le perdonó sino que ella con sus buenas acciones redimió sus errores o pecados. Si meditara en estas palabras comprendería que el perdón o redención de nuestros pecados está en nuestras manos. Si hacemos mucho bien, también mucho mal hecho anteriormente se nos perdona, pero con pocos hechos buenos redimiremos también pocos hechos malos. ¡Qué justicia divina más exacta enseñaba Jesús! ¿Por qué no seguís enseñando a los hombres esa justicia tan exacta que el Cristo enseñó? Renunciad a esa tradición de la confesión y otras que habéis recogido de los judíos, entre ellas los diezmos y primicias, y otras recogidas de los gentiles, y volver a ser cristianos de verdad. ¡Ojalá llegue pronto ese día!

3º Dice usted (no copiaré todo el párrafo, solo el final del mismo): Está en la Biblia: "A quienes les perdonéis los pecados, le serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos" (Juan 20, 23).

Pero yo le digo, ¿por qué no menciona otros versículos que niegan el perdón de las faltas espirituales? ¿Por qué solo le interesa mencionar este versículo? Yo le mencionaré otro, Mateo 12, 31; que dice: Por eso os digo que se perdonará a los hombres todo pecado o blasfemia pero no se perdonará la blasfemia contra el Espíritu. En igual sentido se manifiestan, Marcos 3, 28 y Lucas 12, 10.

¿Cuántas contradicciones hay en la Biblia, verdad?

¿Cómo os aferráis a los versículos que os conviene y tiráis los que no os agradan, como los mencionados anteriormente y otros como el de: "Crecer y multiplicaos", para así poder seguir sosteniendo y justificando vuestros engaños y mentiras.

La Biblia es un libro manipulado y traducido a gusto de los compositores bíblicos y los católicos tomáis de ellos lo que os conviene y tiráis lo que no os gusta, y todo para seguir sosteniendo la doctrina creada por vosotros a gusto de vuestras pasiones y ambiciones.

Aunque estas palabras fueran verdad vosotros no podréis tener esas atribuciones, ya que hace muchos siglos que os habéis separado del verdadero cristianismo. Vosotros solo tenéis a Cristo por pantalla, pues vuestros hechos son totalmente anticristianos.

Vuelve a mencionar otra pregunta mía que dice:

¿Creéis que la humanidad no sabrá nunca los fines oscuros, la verdadera verdad por la que habéis establecido el confesionario? Basta ya de engañar a la humanidad. ¡Cuánta pobreza de alma!

No le responderé punto por punto a las objeciones que usted me ha hecho sobre esta pregunta, porque veo demasiada letra y pocas cosas concretas.

Empezaré por decirle algo que supongo que usted conocerá: En el Concilio de Pisa del año 1409 se ordena que los penitentes no pueden ser confesados por otro confesor que el de su parroquia. ¿Con qué objeto? ¿Por qué este interés? ¿Convénzame para que yo no piense que estas medidas son tomadas para conocer los secretos del pueblo, y así el clero pueda hacer y deshacer a su capricho?

Si quiere conocer más hechos que justifiquen los "fines oscuros" que yo menciono por el que se ha establecido el confesionario, le aconsejo que lea la Monita secreta de los Jesuitas (Reglamento interno y secreto por el que se regían los Jesuitas), y como sé que tiene un poco de honradez moral sé que dirá, lo mismo que he dicho yo, ¡cuánta pobreza de alma! Si usted la desconoce, me lo dice, y yo le facilito la dirección de Internet de un folleto publicado en 1890, dónde se trascribe la misma.

Después de su lectura comprenderá las razones del papa Clemente XIV para abolir la Compañía de Jesús, lo que no comprenderá son las razones de otro papa Pío VII que la volvió a restaurar, porque cuesta entender que dos hombres, que los católicos tienen por infalibles, obraran de forma tan contradictoria.

Doy por respondido a todas sus objeciones sobre el perdón de los pecados, porque considero lo dicho como suficiente respuesta aunque se podrían decir muchas más cosas.


La idolatría

Dice la Biblia de los ídolos:

Éxodo 20, 4: No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni le rendirás culto.

No le parecen suficientemente claros estos versículos para tirar con los ídolos, ¿o estos versículos son de los que no le agradan y por lo tanto ni siquiera los lee?

No solamente habéis creado ídolos de personas que llamáis santas, sino que también habéis creado un ídolo de Dios, la custodia, creada por el siglo XII. ¿Es así como cumplís con los versículos antes citados, ¿o es que me va negar que la custodia no es un ídolo y que no lo hacéis adorar como a Dios mismo?

En el concilio Iliberitano habido en el año 302, en su canon 36 dispone que no se hagan pinturas en las iglesias. En las iglesias no debe haber pinturas; no sea que se pinte en las paredes lo que es indigno de culto y adoración.

En el concilio de Constantinopla del año 754, se anatematizó a todos los seglares que tuvieran en su casa imágenes de cualquier clase de Santos, y a los clericales se les mandó que las echasen de las Iglesias y el que las adorase —sea anatema— y se le deponga de sus empleos. Y se le dieron las gracias al emperador por haber quitado la idolatría.

¡Cómo ha ido cambiando el catolicismo de criterios con relación a los ídolos a través de los tiempos!

Los que se dirigen a los ídolos pidiendo y suplicando favores, ¿pueden ser escuchados por alguien?

Si usted viera un hombre arrodillado delante de una piedra, de un trozo de madera o de un trozo de metal, pidiendo y suplicando. ¿Qué diría usted? ¿Es que acaso los ídolos no son trozos de piedra, madera o metal en los que se esculpió la figura humana?

Esta tradición no viene del Cristo, sino de los gentiles, y esto es otro adulterio más cometido por el catolicismo. Usted mismo reconoce el perjuicio que causa los ídolos, ¿por qué no imitáis a Cristo y a los Apóstoles y los quitáis de vuestros templos para que no causen ningún perjuicio a nadie.

Para comunicarnos con nuestro Padre Espiritual no necesitamos ni ídolos ni templos por eso Cristo aconsejó: Cuando queráis orar no lo hagáis en las calles y lugares a donde todos os vean, pues en verdad os digo, que en ello recibís el galardón.

Cuando queráis hacerlo, entrad en vuestro aposento y con la puerta cerrada, sin que ninguno os vea, oraréis de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, llévanos a tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo, y perdona nuestras deudas como perdonamos a nuestros deudores, que el Padre que ve el secreto de vuestros corazones os premiará.

Dice que tienen una oración al ángel de la guarda, y yo le digo que cuanto más queréis ocultar vuestro adulterio más lo hacéis evidente; ¿por qué tanto interés en enseñar oraciones que solo tienen como finalidad pedir bienes materiales? ¿Por qué no enseñáis la oración mental para comunicarse con él, y así poder recibir instrucciones espirituales?

Le trascribiré una pequeña parte de una conferencia dada por mi para someterla a su juicio:

<<Nadie está excluido de la caridad del Padre Espiritual; pues todos, sin excepción, durante nuestra pequeñez espiritual estamos bajo la protección y dirección de un hermano superior a nosotros, que nos guía, nos aconseja, nos instruye y nos reprende con el toque de la conciencia cuando nos proponemos hacer algo contrario a la ley de Dios, es decir, cuando queremos hacer a algún semejante nuestro lo que a nosotros no nos gustaría que nos lo hiciesen.

Este hermano superior a nosotros, llamado ángel por otros, es el encargado de nuestra dirección y protección, y nosotros le llamamos guía protector, otros, ángel de la guarda, pero, ¡qué importa el nombre diferente si el significado es el mismo!

El guía protector para nosotros o ángel de la guarda para otros, es un hermano que ante el Padre Espiritual asumió la obligación de protegernos, instruirnos, guiarnos y reprendernos con el toque de la conciencia como anteriormente hemos comentado.

Pero, para instruirnos y guiarnos, solo es posible si nos relacionamos con él, y esto es posible con la meditación profunda, dirigiendo el pensamiento a Dios y separándolo de todo asunto material.

Cuando obramos del modo indicado, y lo hacemos sin ningún tipo de pasión ni rencor contra ningún semejante, la luz y sabiduría que irradia el pensamiento de ese hermano superior, ilumina nuestra pequeña inteligencia ayudándonos a reconocer nuestros deberes y obligaciones, y, ayudándonos también a comprender lo que es verdad y lo que es mentira.

Yo os aconsejo que obréis del modo mencionado al escuchar mis palabras, meditad, elevad vuestro pensamiento al Padre, y tened la seguridad que os ayudarán a comprender las verdades o mentiras que yo puedo decir en esta conferencia. ¡Desechad todo aquello que reconozcáis como mentira, y quedaros solo con aquello que reconozcáis como verdad!

Quisiera dar un consejo, nunca busquéis a vuestro guía protector o ángel de la guarda para conveniencias materiales, para conseguir objetivos egoístas o vanidosos, porque su obligación es otra, su obligación es ayudarnos a adquirir virtudes morales que no tenemos, a ser mejores personas, más humildes, más sencillos, más caritativos, más pacíficos, etcétera, etcétera.

Reconozco por el libre albedrío que todos tenemos, el derecho que tiene todo hombre a negar mis afirmaciones, pero, en defensa de mis afirmaciones os haré una comparación material: ¿De qué le valdría a un niño si le pusiéramos un profesor para instruirle si no puede verlo, ni oírlo ni comprenderlo? ¿Qué beneficio sacaría el niño de ese profesor? Ninguno, supongo que diréis.

¿Podríamos los hombres sacar algún provecho de nuestro guía protector o ángel de la guarda para nuestro progreso moral e intelectual, si no pudiéramos oírlo ni comprenderlo?

Yo os aconsejo que os hagáis esta pregunta>>.

Si desea leerla en su totalidad me lo dice y le facilito su dirección en Internet.

Sobre este tema considero suficiente lo dicho.


Danos el pan de cada día

Le volveré a repetir lo dicho en la anterior carta, pues me da la sensación de que no la ha leído en su totalidad: Os agrada mucho lo dicho por Mateo 6, 11: Danos hoy el pan de cada día.

Pero ahora comparemos con lo que dice Mateo 6, 31 al 33: Así que no os preocupéis, diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Pues por todas estas cosas se afanan los gentiles. Pero ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo esto. Buscad antes que nada el Reino y su justicia, y todo esto se os dará por añadidura.

Lucas 12, 29 al 31: Y vosotros no busquéis qué comeréis i qué beberéis; y no andéis ansiosos; pues todas estas cosas son las que buscan los gentiles del mundo. Porque vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas. Buscad más bien su Reino, y ése se os dará por añadidura.

Aceptando esa petición de "danos el pan de cada día", los versículos citados de Mateo y Lucas os declaran gentiles del mundo. ¿Podéis ser cristianos si imitáis a los gentiles?

¿Cuántas contradicciones hay en la Biblia? Lo que Jesús aconseja en Mateo 6, 11, lo desaconseja en los versículos siguientes 31 al 33 y en Lucas 12, 29 al 31. ¿Con cuál de ellos nos hemos de quedar como verdaderos? Los versículos 31 al 33 del capítulo 6 de Mateo y los versículos del 29 al 31 del capítulo 12 de Lucas, demuestran la confianza que el hijo debe tener en un Padre bueno y justo; el otro versículo demuestra la poca confianza que el hijo tiene en su Padre que tiene que estar recordándole sus necesidades, como si el Padre las desconociera.

Los que somos padres materiales sabemos el amor que engendran los hijos, cosa que lo ignoran los célibes. Por eso los padres no esperamos ver al hijo llorando de hambre para saber que le tenemos que dar de comer, como no espera verlo tiritar de frío para saber que le ha de proporcionar una ropa más adecuada al tiempo. Los padres materiales prevén las necesidades de sus hijos. ¿Cómo no va hacerlo el Padre Espiritual? La petición que vosotros queréis justificar como verdadera solo demuestra vuestra falta de confianza en la bondad y la justicia del Padre.

¿Por qué esa desconfianza en el Padre espiritual? Quizá porque sabéis que no cumplís con las obligaciones que él nos señala a todos los hombres.

¿Cumplís con la obligación de creced y multiplicaos, señalada por el Padre espiritual para todos los hombres?

¿Cumplís con la obligación que tiene el hombre de ganarse el pan con el sudor de su rostro señalada en Génesis 3, 19?

Vosotros con vuestras palabras llamáis hermanos a los demás hombres, pero, ¿lo demostráis con vuestros hechos al señalar obligaciones a los hombres cuando vosotros no las cumplís? ¿Os consideráis tan grandes para sentiros excluidos de las obligaciones que vosotros mismo señaláis a los hombres en nombre de Dios? ¿Creéis que las leyes de Dios son como las de los hombres que conceden privilegios a unos y niegan derechos a otros como se ha visto a través de la historia?

Esto es lo que yo decía en mi carta, y ahora yo le digo: ¿Por qué siempre se olvida de aquellos versículos que no le interesan y que no están de acuerdo con los principios de su Iglesia Católica? ¿Lea los versículos citados: Mateo 6, 31 al 33 y Lucas 12, 29 al 31 y dígase a usted mismo si no niegan el versículo de Mateo 6, 11?

No le pido que me lo reconozca a mí, su respuesta dígasela a usted mismo. Dios nos juzgará a todos.

Yo no voy a negarle a los hombres el derecho a pedir a Dios, yo solamente quiero decirle a la humanidad que lo único que puede esperar del Padre es aquello que en justicia se merece, y este merecimiento no nos lo dan los ruegos y peticiones, sino nuestros buenos hechos en beneficio de nuestros semejantes, cuyo premio recibiremos sin pedir.

Hermano, en confianza le diré una cosa, no le considero tan ignorante para no comprenderme.


No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal

He afirmado en mi anterior respuesta que estas palabras no pudieron ser dichas por un sabio como Jesús, conocedor de los atributos divinos, y conocedor por lo tanto de nuestras obligaciones.

Si el hombre tiene la obligación de vencer las tentaciones, rechazándolas con su voluntad para no caer en ellas, y que este trabajo, es precisamente, el que hace grande espiritualmente al ser humano. ¿No comprende usted que pedirle a Dios que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal, no es más que pedirle que nos haga el trabajo que hemos de hacer nosotros?

En mi anterior carta le decía: Si Dios atendiera esta súplica. ¿Qué trabajo tendría el hombre para ser bueno? ¿Qué mérito tendría ese hombre que admiramos por sus virtudes, que carece de egoísmos, ambiciones y vanidades, si para conseguir ese estado de perfección moral no ha hecho otra cosa que pedir, sin tener que luchar, para nada, contra sus defectos e imperfecciones?

Yo no le aconsejaré a la humanidad que pida a Dios que no le deje caer en la tentación y que lo libre de mal, porque no quiero tener la responsabilidad de un mal consejo, yo deseo hacerle ver a la humanidad que ese trabajo de no caer en la tentación como el librarnos del mal, lo hemos de conseguir nosotros mismos con nuestra constante vigilancia que hemos de tener sobre todos nuestros hechos y acciones.

Que el Padre no nos deja solos para llevar a cabo este trabajo, estoy de acuerdo con usted, por eso toda la humanidad está bajo la protección de un ángel de la guarda, que con el toque de la conciencia nos avisa cuando somos tentados por las inclinaciones orgullosas, egoístas y vanidosas, pero el trabajo de rechazar para no caer en la tentación ha de ser fruto de nuestra voluntad.

Este es mi mensaje porque me siento responsable, como le he dicho de lo que digo, no quiero que nadie pueda esperar que le hagan el trabajo que cada uno de nosotros hemos de hacer. ¿No tenemos libre albedrío? Pues, vigilemos nuestro obrar y proceder, y seamos fieles al toque de la conciencia para no caer en tentación.


Por último le diré una cosa, no está en mi intención ofender a nadie, ni menos menospreciarlo, pero sí que me considero con la obligación moral de decir lo que me ha sido dado ver, oír y comprender aunque sé que mis palabras pueden herir el orgullo de algunas personas que se titulan sabias e infalibles.

El que bien te quiere no te hará reír sino llorar.

Con la adulación se harán muchos amigos aquí en la tierra, diciendo la verdad muchas veces te ganas más enemigos que amigos, pero vives con la conciencia tranquila de hacer y decir lo que tu consideras bueno y útil aunque algunos por eso te desprecien.

Ha dicho muchas cosas de mí y contra mí, pero le diré que no me siento ofendido por eso y le diré por qué: Si lo que ha dicho es verdad me ha hecho una caridad, pero si no es verdad lo que ha dicho a quién solamente afean esas palabras es a quién las dice.

Yo no le digo que me crea sino que medite y pregunte a su ángel de la guarda si mis palabras son verdades o mentiras. Su ángel de la guarda, si usted lo invoca con total sinceridad, él le ayudará a ver dónde está la verdad y la mentira, después bajo su libre albedrío usted decidirá con lo que quedarse.

Un abrazo.

Manuel Martínez Rodríguez


Enlace para la lectura de la primera carta que nos escribió un católico así como nuestra respuesta a dicha carta:

PECADOS ESPIRITUALES MORTALES COMETIDOS POR EL CATOLICISMO ROMANO


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Pecados mortales cometidos por el Catolicismo -Respuesta.


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Reglamento interno y secreto por el que se rigen los Jesuitas.

EL CELIBATO NO ES CRISTIANO NI DEÍSTA.
Artículo copiado del Periódico filosófico espiritista "La Cabaña", publicado en Barcelona Mayo 1887.

EL CRISTO Y EL ANTICRISTO Y LAS DOCTRINAS DE UNO Y OTRO.
Artículo copiado del Periódico filosófico espiritista "La Cabaña" publicado en Barcelona Junio 1887.